Ciudades sostenibles: Control del tráfico, bajas emisiones o Iluminación LED, entre otros asuntos

En 2050 dos de cada tres ciudadanos del mundo vivirá en una ciudad. A partir de ahí la necesidad para organizar los núcleos urbanos de la mejor manera posible para conseguir la mejor de las convivencias respetando un entorno masificado se antoja capital.

Eso por eso que no son pocas las ciudades que, sabedoras de esta realidad, han comenzado ya a ponerse manos a la obra en la conversión de sus núcleos urbanos en lugares sostenibles desde el punto de vista energético, tecnológico y ecológico.

Y es que, sólo fijándonos en el tráfico de las ciudades vemos como decisiones que ya se han llevado a cabo en distintas poblaciones como las de un ahorro del 40% en el coste total del transporte llevan a la reducción de emisiones a las atmósfera del 80%. La conversión al gas que se está produciendo en muchos países de Asia y Latinoamérica puede marcar el camino, pero no parece vaya a ser el fin en las futuras ciudades sostenibles.

La apuesta por el transporte público -que poco a poco debe ir alejándose de la combustión por la gasolina virando al sector eléctrico-, las mejoras para el uso de bicicletas en los centros urbanos, las ayudas a los automóviles eléctricos y ecológicos y la inversión en nuevas energías para el transporte deben pues jugar un papel fundamental en esta conversión a la sostenibilidad.

Si hablamos de ciudades sostenibles hay que hacerlo de la misma forma de ciudades energéticamente sostenibles. En este campo son cada vez más las ciudades que se han dado cuenta de la necesidad de sustituir las vetustas, ineficientes y malgastadoras bombillas incandescentes por las bombillas de iluminación LED, cuya transformación energética en luz es mucho más eficiente, cuya vida es mucho más larga y cuyo mantenimiento es mucho mejor y, por ende, más barato.

En este sentido, afirmaciones como las que ha realizado la Agencia Europea de Medio Ambiente asegurando que la reducción de la velocidad y la restricción del tráfico en el centro de las ciudades ayuda a reducir las emisiones más contaminantes que amenazan a los entornos urbanos son capitales.

Según el ente comunitario acciones como la limitación de la velocidad a 80km/h en las vías rápidas suponen una ayuda en la bajada de los niveles de óxidos de nitrógeno en los motores diésel y las partículas en suspensión tremendamente llamativas. Ahí están los estudios que lo certifican y que, una vez más, conminan a tomar cartas en el asunto tras el abandono de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de París.

Toda inversión en sostenibilidad es, al mismo tiempo, en futuro. Tanto para el planeta el planeta como para todas las especies que vivimos en él, incluyendo, claro está a la especia humana. El viraje de las ciudades hacia entornos sostenibles es inevitable y aquellos que lo están sabiendo ver con antelación, elaborando políticas de sinergias y reducción de emisiones y construyendo pensando en esas nuevas ciudades de bajas emisiones, con especial protagonismo del transporte público y de automóviles eléctricos están marcando el camino. El único camino.

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